“Cabrona Hija de puta”

publicado en: Experiencias, Reflexiones | 5

Hoy quiero explicaros una de las de las situaciones más bonitas que me han pasado desde que tengo la suerte de dedicarme a acompañar a niños. Si, sé que el título no parece indicar lo mismo pero veréis como lo que digo es cierto.

Tengo la necesidad de compartirlo con vosotr@s porque creo que algunos podréis sentiros identificados o quizás queráis compartir algún momento como éste.

Os sitúo, era un jueves por la tarde, con hora y media por delante (con lo pesadas que se hacen las tardes para los profes pero sobre todo para los niños) en una clase de P4. Solemos comenzar reuniéndonos en asamblea para ver qué es lo que tenemos que hacer, o lo que les propongo. Ya desde ese momento, AlmaInquieta (voy a llamarle así) se mostró sin ganas de compartir ese momento. Sara, una chica de prácticas que está en mi clase me preguntó si le invitaba a sentarse, le dije que le dejara porque dudaba que fuera eso lo que AlmaInquieta estaba buscando.

Empezamos la asamblea tratando de concentrar la atención en los demás. AlmaInquieta comienza a dar vueltas por la clase sin perderme de vista en todo momento. Ante mi ignorancia comienza a mover sillas, sacarlas de su sitio… Los demás comenzaron a ponerse nerviosos cuando empezó a subirlas encima de las mesas. Le di un par de veces la oportunidad de dejar lo que estaba haciendo y reunirse con nosotros, caso omiso.

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Hubo un momento en el que, enfadado, por no conseguir la atención que él quería lanzó una silla de las que había puesto en la mesa al suelo, muy cerca de donde estábamos, en ese momento le dije a Sara (que estaba alucinando como los otros) que se quedara con los otr@s y le dije a AlmaInquieta que yo no le dejaba que rompiera cosas de la clase o hiciera daño a los demás.

Al ver que me levantaba, AlmaInquieta comenzó a correr llorando hacia el baño y yo fui detrás de él, al verse acorralado dio dos patadas a la puerta cerrada que comunica con la otra clase. Al llegar yo, agachada intenté hablarle y comenzó a intentar darme patadas y puñetazos. Yo, manteniendo la calma se lo impedía mientras le decía “AlmaInquieta, no me gusta que me pegues”, “AlmaInquieta, no te voy a dejar que me pegues”, al cansarse de intentarlo se tiró al suelo y tapándose la cara me gritó:

 

¡CABRONA, HIJA DE PUTA!

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Mil emociones se me removieron en mí en ese momento por la carga que esas palabras tienen para nosotros, los adultos. Fue un segundo pero me pasaron mil opciones por la cabeza pero sobretodo muchas preguntas. ¿Sabe lo que está diciendo? Está claro que no, ¿Será positivo mostrarle que le doy a esas palabras el peso que él espera que tengan? Negativo de nuevo. Así que decidí la última opción que creía posible: Sentarme a su lado y no hacer nada. Silencio.

Ahí estábamos los dos, él y yo en el suelo del baño, sentados, iba notando como su respiración se iba calmando, tenía la cabeza metida entre sus bracitos. En un momento decidí tenderle la mano, miró por debajo sin sacar la cabeza y en ese momento es cuando sucedió uno de los momento más mágicos que he vivido; cogió mi mano tendida, y como si de un baile se tratara se enrollo hasta quedar sobre mis brazos con su cabeza apoyada en mi hombro, respirando profundamente, todo en SILENCIO.

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No sabría deciros si pasaron 10, 20, 30 segundos o un minuto, pero os aseguro que fueron mágicos, fue entonces cuando rompí ese silencio para preguntarle: “¿estás bien?”, asintió moviendo su cabecita, sin hablar. “¿Quieres que volvamos con los demás?” asintió de nuevo. Poco a poco nos levantamos y volvimos a la clase, cogidos de la mano.

No hubo reflexión posterior, ni sermón, ni “¿vas a volverlo a hacer?”, ni “pídeme perdón por lo que me has dicho”… nada, pero no era necesario. Sí hubo una complicidad en la que los dos vivimos un momento de explosión debido a una demanda de amor a gritos, quizás no pedida de la mejor manera, donde yo traté de mostrarle que él me tenía ahí.

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Al día siguiente AlmaInquieta tenía una diarrea enorme, lo que venía confirmando que ya el día anterior no se encontraba bien, y es que a estas edades es muy difícil para ellos gestionar sus emociones y entender lo que les está pasando. Yo no sé si actué de la mejor manera, si podría haberlo hecho de otra forma o no, lo que sí sé es que con ese abrazo final yo no necesité más.

Quiero aprovechar para agradecer a Sara su rápida reacción y actuación al coger las riendas de la clase, y conseguir que los demás niños estuvieran tan agusto que fueran capaces de no centrar la atención en los gritos al otro lado del baño. Gracias a ella pude darle a AlmaInquieta la atención y el amor que en ese momento requería.

 

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5 Respuestas

  1. Hola!! Gracias por compartirlo.
    Cuando tuvo esta actitud, ¿qué se te pasó por la cabeza que podía estar pasándole? Directamente pensaste que debía de encontrarse mal o pensaste en otras posibilidades.
    ¿Comunicaste algo a su familia?

    • Carlota Hernández

      Hola Gema!
      No era la primera vez que le pasaba esto, aunque no de ésta manera, en el fondo siempre es una búsqueda de atención por parte del adulto, o lo que vendría a ser lo mismo, de amor, y para ello usa las herramientas que tiene aunque no sean las adecuadas. En éste caso además no se encontraba bien físicamente, al día siguiente tenia diarrea, pero no era capaz de verbalizarlo o pedir ayuda pero no se sentía bien. Eso es lo que creo yo, acertada o no.

      No comuniqué nada a la familia, intento ir con pies de plomo en este tipo de comunicaciones ya que la situación familiar del niño es complicada y hay que ser cautelos@… Una vez más no sé si fue lo más correcto pero vista la situación del niño y la respuesta que le di (a la que no está acostumbrado), creí que no tenía sentido acabarlo con una posible gran represalia en casa…

  2. Genial comportamiento Carlota con alma inquieta!
    Todos deberiamos aprender de esa calma y saber estar con esos niños.
    Tu temple es admirable. No todos lo tenemos/teníamos.
    Un abrazo

  3. Me gustó.
    Comenté en la blogoteca y ahora también paso por aquí.
    Saludos.

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