Expertos en el aula: “Tendría donde caerme muerta, pero me moriría muy triste”

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Este domingo traemos un post especial, pues no es un escrito cualquiera de una actividad, recurso, cuento, idea para el aula. Esta semana vamos a intentar ir mas allá compartiendo algo con vosotros que nosotras llevamos años apoyando y creemos que es básico; Dejar a la sociedad entrar a las aulas.

Y es que creemos que la educación y la vida suceden más allá de los muros de la escuela, y es por eso que esos muros deberían ser permeables, capaces de dejar entrar a cualquier persona que pueda ser agente educador de nuestros niños. Nadie le enseñará mejor a un niño lo que es un violín que un violinista, ni lo que es expresionismo que un pintor, ni cómo cuidarse o la vida en un hospital que un médico.

Es por eso que creemos en la importancia de que personas que desean compartir sus conocimientos, hobbies y/o pasiones sean bienvenidas en las aulas y se les dé la oportunidad de compartir con los niños y niñas lo que saben de manera que puedan despertar o activar pasiones que se encuentran en el interior, esperando sólo una chispa para poner en marcha toda la maquinaria para desarrollar esa destreza/pasión.

Esta semana os presentamos la reflexión de una persona muy especial para nosotras (y para algunos de vosotros) que quiere compartir con nosotros cómo un día se encendió en ella esa chispa, pero la escuela no consiguió estar a la altura para permitir que se siguiera desarrollando. Esperamos que os guste tanto como a nosotras:

“Tendría donde caerme muerta, pero me moriría muy triste”

Un error muy grande que se comete es decirle a los niños que uno de los factores que tienen que tener en cuenta a la hora de elegir su oficio será cuanto dinero ganarán. Básicamente estudiar algo productivo para no ser un desgraciado que no tiene donde caerse muerto, y así “ser feliz”.

Un día estaba en la cabina de la depilación, en una de las cabinas de al lado había una chica que parecía ser una adolescente por la manera de hablar y por su tono de voz. La depiladora le preguntaba que iba a estudiar después del instituto. La adolescente le contestó que quería estudiar fotografía, pero que su madre le había dicho que con eso no iba a llegar a ningún lado, así que probablemente haría Derecho ó Económicas. Pero que ella quería estudiar fotografía.

En otra ocasión recuerdo que en mi instituto vinieron a enseñarnos como funcionaba un guión de una película. Como ejercicio tuvimos que hacer un Storytelling (una serie de imágenes pintadas a lápiz que cuenten una historia). El ejercicio era escoger una escena de nuestra película favorita e introducir una variación como punto de giro de la historia, es decir algo que cambiara la historia por completo.

Recuerdo que escogí “El show de Truman” y cambié por completo el destino de Jim Carrey. Fue una de las actividades que más recuerdo del instituto, y que, por supuesto fue externa, y no formaba parte de la programación de la E. S. O. No hace falta decir que ninguna actividad parecida a esta estaban incluidas en nuestras rutinas diarias.

Yo era una de las famosas alumnas “6” y tengos vagos recuerdos de mis logros académicos.  Pero sorprendentemente esta anécdota es lo que más recuerdo de todos esos años, como me sentí de satisfecha cuando terminé y como disfruté de todo el proceso. Después seguimos con la apasionante clase de Geografía calcando mapas con papel cebolla sin saber muy bien como era la gente que vivía en Pakistán y esperando ansiosamente los 15 minutos de recreo.

Acabé haciendo Administración y Dirección de empresas y seguí siendo una alumna de 6 durante toda la carrera. Nada más terminar tuve una entrevista en el banco Santader; las condiciones económicas eran mucho mejores de las que yo nunca hubiera imaginado.

Pero entonces me di cuenta: si entraba en el banco tendría donde caerme muerta, pero que si me moría en ese momento, me moriría muy triste. Por no haber hecho algo que me llenara de verdad, por no haberme sentido de la misma manera como me sentí aquel día en ese taller.  

Me gustaría haberle dado la importancia que ahora le se dar, hubiera agradecido docentes que no te juzgaran por ese 6, hubiera agradecido docentes que me hubieran preguntado, ¿qué hay dentro de esa cabecita?

Hubiera agradecido que alguien me hubiera hecho darme cuenta de que ese día fue importante. Pero nadie me lo dijo.

Ahora y después de muchos años y un gran punto de giro tras la carrera, trabajo de creativa en una agencia de publicidad con muchos proyectos en mente, entre ellos haber diseñado la agenda de estas Dos profes en apuros, de la cual me siento muy orgullosa. Vivo consciente de la fuerza de la creatividad y de luchar por hacer algo que te guste y no solo por el mero hecho de ganar dinero.

También soy consciente de la importancia de vuestra existencia, señores docentes, de la cual depende en gran medida la futura felicidad de vuestros alumnos: gente que de mayor, no se muera triste.

Patricia Such Febrer

@Leámonos

 

Esperamos que os haya gustado esta reflexión de Pati, en las próximas semanas escribirá algún post sobre cómo trabajar la creatividad en el aula. Esperamos que hayáis disfrutado de su reflexión porque estamos seguras que más de un@ se habrá sentido indetificad@ con sus palabras.

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